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domingo, 24 de febrero de 2019

Mejor película

Aquí la única que puedo decir que podría ganarle a ROMA sería Green Book, pero generalmente el que gana mejor director gana mejor película, so...

...THE OSCAR GOES TO:

ROMA


domingo, 22 de febrero de 2015

Oscars 2015: BEST PICTURE [Great night]


  • American Sniper - Clint Eastwood, Robert Lorenz, Andrew Lazar, Bradley Cooper and Peter Morgan
  • Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) - Alejandro G. Iñárritu, John Lesher and James W. Skotchdopole
  • Boyhood - Richard Linklater and Cathleen Sutherland
  • The Grand Budapest Hotel - Wes Anderson, Scott Rudin, Steven Rales and Jeremy Dawson
  • The Imitation Game - Nora Grossman, Ido Ostrowsky and Teddy Schwarzman
  • Selma - Christian Colson, Oprah Winfrey, Dede Gardner and Jeremy Kleiner
  • The Theory of Everything - Tim Bevan, Eric Fellner, Lisa Bruce and Anthony McCarten
  • Whiplash - Jason Blum, Helen Estabrook and David Lancaster

Oscars 2015: DIRECTING [¡Bravo!]


  • Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) - Alejandro G. Iñárritu
  • Boyhood - Richard Linklater
  • Foxcatcher - Bennett Miller
  • The Grand Budapest Hotel - Wes Anderson
  • The Imitation Game - Morten Tyldum

Oscars 2015: CINEMATOGRAPHY [A Mexican winner]


  • Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) - Emmanuel Lubezki

  • The Grand Budapest Hotel - Robert Yeoman
  • Ida - Lukasz Zal and Ryszard Lenczewski
  • Mr. Turner - Dick Pope
  • Unbroken - Roger Deakins

domingo, 3 de agosto de 2014

¡Santa Semana! Día 2: En cualquier lugar tiemblan alacranes



Despertar no es difícil. Escuchas a Tchaikovsky tocar una pieza al oído que hace el inicio del día sumamente relajante. Al levantarte, sólo Jorge está en el departamento, Enrique fue por el desayuno, o eso deseabas. Después de los buenos días te diriges al baño, cierras la puerta, te miras al espejo, sonríes mientras te estiras un poco y te sientas en el escusado. Después de respirar paz por un momento, tu cabeza empieza a oscilar ligeramente. Demasiada belleza despertar sin malestar después de 750 mililitros de brandy, pensaste que era una variante de "cama-loca" y como el lavabo quedaba muy cerca de tu cabeza decidiste sujetarlo para evitar golpearte. Poco a poco el vaivén empezó a ser más y más pronunciado. Jamás te habías sentido tan mareada, si así se le podría llamar -Está temblando- sonó una voz lejana parecida a la de Jorge -¿Qué?- tu respuesta al no haber digerido esa frase por completo. Pasaron varios segundos... -Creo que debemos salir- escuchas la puerta del departamento abrirse y empiezas a hilar: "mareo", temblar, salir... ¡Está temblando! Pronto terminas de... lo que estabas haciendo y sales a la calle. Ves gente fuera de sus casas, levantas la vista y los cables de luz se meneaban de un lado a otro así como si hubieran sido impulsados por alguien, bajas la mirada y tus calcetines están medio salidos, no traes zapatos. ¿Esto es lo que pasa cuando tiembla en México? Tu primer temblor en Ciudad Capital. Intentas llamar a casa pero las líneas están ocupadas. Cuando todo vuelve a la calma empacas lo necesario para partir a Tequesquitengo.


*     *     *


Gordita de chicharrón y transporte en metro, ¿querías algo más clásico? Central Taxqueña, autobuses Pullman dirigiéndose a un lugar de Morelos que no habías escuchado antes: Jojutla. Llegan y de ahí una combi que los lleva a Tequesquitengo. Se bajan no precisamente en el centro, preguntan por el hotel donde tienen reservación y está no sabes dónde pero el taxi les cobra más de treinta pesos por cada uno. Deciden buscar un hotel más cerca, caminan por no una calle normal, con terrenos baldíos por doquier hasta que a lo lejos atisban el oasis: "El Cazador". Llegan a una recepción al aire libre muy sencilla a pesar de la gran construcción y la magnitud del jardín, preguntan si hay cuartos disponibles y  un vibrante "sí" los salva de seguir caminando bajo el picoso sol de Tequesquitengo. Pasan a ver la habitaciones, dicen que el hotel está en remodelación pero por ser temporada alta están dando alojamiento. El lugar parece lugar fantasma, un poco descuidado, parece haber gente pero tampoco están seguros de eso, el señor que los recibió al principio desaparece y aparece por otro lado. Sin embargo pocas ganas les quedan para seguir caminando en medio de la nada y bajo una estrella infernal, así que pagan dos habitaciones dejan sus cosas en el cuarto donde hay seguro (si, la puerta del otro sólo cierra por dentro con pasador) y deciden ir por algo de comer. Un restaurante a la orilla de la laguna no es una mala idea.


*     *     *


Se hizo de noche, llegaron Romeo y David saltando el portón, sí el hotel fantasma cierras sus puertas de noche, hay un timbre pero nadie responde al llamado ni a los gritos así que no había otra opción más que aventar maletas y trepar. Triunfante entrada. Ya que por fin estaban completos era hora de relajarse en la terraza frente a la alberca. Llovió gloriosamente aminorando el calor, piensan en mañana "el salto", creen estar listos, por ratos uno que otro se pone nervioso, piensan en volar como... ¿murciélagos? sí murciélagos volando muy cerca de sus cabezas. Tranquilos no pasa nada, su sangre ya es demasiado amarga por tanta cerveza. Tranquilidad bajo las estrellas -No voltees, y hazte para acá- te dice Romeo disfrazando tu alteración; no volteaste y caminaste hacia donde estaban todos -había un alacrán junto a tu pie- te dicen no lo crees pero te hacen verlo más de cerca. Sí, estuviste al borde de la muerte, salvaron tu vida (te gusta el drama) lo mejor es cuando te cuentan que había uno en la cama donde te tocaba dormir, ya no sabes si es más peligroso dormir o aventarte de nueve mil pies.

Es tarde y hay que levantarse temprano. En la inmensa oscuridad del jardín nocturno todos se dirigen a los cuartos en fila india -¡Cuidado no toquen la pared! ahí hay dos- advierten al frente mientras gritas (te gusta el drama). Llegan a la habitación y haces que volteen el colchón tres veces, aun así decides dormir en la otra habitación donde sacudieron las cama y voltearon el colchón no tres sino cinco veces. Intentas dormir, no puedes, tus compañeros roncan, tú sigues mirando el techo, duermes, despiertas continuamente y sueñas...

FIN DE DÍA DOS


lunes, 3 de febrero de 2014

Watanabe le escribe a Murakami

Querido Murakami:

Me da mucho gusto que hayas venido a visitar la semana pasada. Midori me hizo llegar la botella de sake. Delicioso por cierto. Sabes, estuve todo un mes en México, es por eso que no me encontraste en casa. Es realmente una pena porque tengo algo muy importante que decirte y hubiera preferido hacerlo de frente.

Estoy seguro que recuerdas la escena en Tokio Blues cuando estoy en la cabaña con Reiko. No me puedo quejar tanto, pues tuvo "final feliz", sin embargo pudo haber estado muchísimo mejor. A ese repertorio musical le faltó picante; un poco de José Alfredo Jiménez para rematar con todo y así sacar nuestras alegrías y tristezas con furor.

Ahora, ¿whiskey? ¡No papá! ¿Qué no has probado el tequila? En momentos así, para entrar en ambiente y calor con un par de tequilazos se hubiera puesto bueno... ¡mejor!, bailando La Cucaracha y cantando Cielito Lindo.

Punto número tres (aunque no he contado los pasados): la señora. ¿Por qué una señora? ¿No crees que una morenota del puerto de Veracruz le hubiera puesto más sazón a la historia? Quizá hasta estarías vendiendo más ejemplares. Sólo a ti se te ocurre ponerme a una "ruquita", con todo respeto.

Aun así, me gusta trabajar contigo y estoy dispuesto a hacerme presente en tu próxima novela siempre y cuando esté ambientada en las bellas costas mexicanas del Golfo y que mi compañera sea una "Jarocha sabrosa", pero por favor cámbiame el nombre para evitar conflicto con Midori.

Sin nada más que decir, te deseo un feliz año y espero que sigas escribiendo hasta tu muerte, pero échale un poquito de "coco", falta "picor" en tus líneas.

Por siempre tuyo y de nadie más,

                                            Watanabe



P.D. Pasé rápido por 1Q84 y Tengo manda saludos. Le platiqué de mi viaje y mis nuevas propuestas, así que espera su carta pronto.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Olvídate de todo, menos de mí


En todo el Panteón Municipal de Dolores Hidalgo subsiste un enorme sombrero rodeado de un sarape lleno de vivos colores construido a finales del siglo XX. Podrás reconocerlo aun con los ojos cerrados. El miasma que desprende es inconfundible pues los restos de uno de los grandes cantautores mexicanos se encuentran debajo de este monumento; un artista que sigue vivo a través de sus letras. Al "recorrer" aquel sarape multicolor, diferentes melodías rancheras resuenan en tu cabeza recordando serenatas, cumpleaños, graduaciones, noviazgos e incluso borracheras de dolidos. Las letras de José Alfredo Jiménez han persistido durante varias generaciones desde el siglo pasado hasta la actualidad sin perder la efusión con las que se escribieron.

Este "monstruo de la canción" nació ahí nomás tras la lomita, en Dolores Hidalgo el 19 de enero de 1926 y empezó a componer desde su temprana edad. Pese a no contar con educación musical, José Alfredo Jiménez compuso cientos de temas con la ayuda del maestro Rubén Fuentes al cual le silbaba la melodía para que éste hiciera los arreglos y fueran interpretados por el Mariachi Vargas de Tecatitlán. Canciones como Ella, Un mundo raro, Camino de Guanajuato, Paloma querida, El caballo blanco, El rey, La media vuelta, Muy despacito, Amarga navidad, entre otras, han sido interpretadas alrededor del mundo por diferentes artistas y en distintos géneros musicales haciendo que perduren y se esparzan a pesar de haber fallecido hace cuarenta años.

Su derrochador estilo de vida lo llevó a una cirrosis hepática por la cual "se nos adelantó" a sus cuarenta y siete años de edad el veintitrés de noviembre de 1973. Sin embargo es muy difícil incluso envejecer a José Alfredo Jiménez con todo ese legado musical. Su poesía popular y metáforas sencillas, han creado lugares comunes los cuales siguen siendo recorridos generación tras generación. Considerado un melodista excelente por Carlos Monsiváis, José Alfredo Jiménez sigue vivo a través de su lírica y en boca de varios artistas desde rancheros hasta intérpretes del rock. Además, la sociedad mexicana acude a su repertorio "para manifestarse, justificarse, declararse, entrar en crisis, implorar olvido, gritar la impotencia" (Monsiváis, C.) y de esa manera se apropian de estas canciones escritas el siglo pasado manteniéndolas frescas al relacionarlas con temas y situaciones actuales.

El inmortal, "...porque canta como nunca, porque gana batallas como el Cid después de muerto, por su altísimo ejemplo, porque sigue siendo el rey" (Sabina, J.), José Alfredo Jiménez fue un compositor talentoso difícil de suplantar que hasta la fecha sigue cautivando a hombres, mujeres, chicos y grandes a través de violines, trompetas, arpas, percusiones incluso guitarras eléctricas y timbales. "Porque lo cantó mi padre, porque lo canto yo, porque ojalá lo canten mis hijos, y los tuyos y los hijos de mis hijos..." (Sabina, J.). Así las canciones de José Alfredo Jiménez perdurarán otros cuarenta años más sin pasar de moda y llevando el mismo furor que tuvo tiempo atrás.


Todavía lo queremos; lo queremos a él y a todas sus canciones.  

viernes, 13 de septiembre de 2013

Séptimo Sábado



Sentado en la misma mesa para dos. Admiraba las gotas que caían de la marquesina al otro lado de la calle y meditaba.

Tomaba su café y fijaba su mirada hacia enfrente. El vapor simulaba su silueta, su sonrisa, la curva de su nariz, el arco de sus cejas... Un suspiro, se esfuma.

Daba un trago. Recordaba las tardes lluviosas cuando caminaban bajo la tormenta y llegaban precisamente a esa mesa donde muchas veces sentados y riendo pidieron un café.

Ya tres años habían pasado, sin embargo el seguía regresando a colocarse frente a una silla vacía para revivir esa silueta, esa sonrisa, esa nariz y esas cejas.


La lluvia los acercaba aquellos sábados de casi otoño, y fue la lluvia de madrugada la que los separó.

lunes, 26 de agosto de 2013

Un mes, Hurray!

Hola queridos lectores:

Me comunico para informar que estoy totalmente agradecida por leerme, y como soy malísima con la formalidad, aquí termino estas líneas.

Jamás pensé que tanta gente extraña y no extraña me leyera. Bueno, según las estadísticas de esta cosa tengo quinientas visitas y eso me alegra, creo. Sinceramente esas visitas no las siento tan presentes ya que no dejan huella. Está bien que de vez alguno de ustedes me hace un comentario por otro medio, pero qué les parece si lo empezamos a hacer un poco más interactivo. Es verdad, empecé este "proyecto" de una forma más o menos secreta para poco a poco superar mi inseguridad con respecto a lo que escribo, sin embargo después de un mes me he dado cuenta que para en realidad ver frutos en esto necesito leer sus críticas constantemente. Es por eso que los invito a dejar comentarios en cualquiera de las entradas publicadas. Me conformo con un "Meh!" o "sale bye", algo, cualquier cosa, ahora que si andan inspirados no me importa leer arriba de trescientas palabras.

Prometo contestar, ahora que si no todos quieren, pues no lo haré, lo único que pido es ver en realidad las quinientas visitas que me marca esa cosa a la cual no le creo ni la quinta parte.

Gracias por "tomarse un shot trivial" de vez en cuando.

Los quiero mucho y les mando un besote.

MaRiSoL 

sábado, 17 de agosto de 2013

Y712

Era tarde, Marta aún no dormía. Eran las once de la noche y no terminaba de llenar su maleta. Tenía esa mala costumbre de empacar horas, incluso minutos, justo antes de su partida, y como era común, este viaje en el que estaría fuera aproximadamente tres semanas no fue la excepción.
            A media noche partió el autobús a la Ciudad de México para después dirigirse al Benito Juárez y de ahí volar a La Paz. Iba muy nerviosa, pues era la primera vez que llegaba a ese monstruo de ciudad sola y sin ser alguno que la recibiera. Esta idea daba vueltas en su cabeza sin dejarla descansar, pero una vez que subió al autobús logró conciliar el sueño.
            Tres horas después, a pesar de la tremenda Bilirrubina de Juan Luis Guerra que acompañaba sus ronquidos, la despertó una voz acartonada anunciando que era imposible pasar debido a un accidente y probablemente estarían ahí estancados unas horas. El nervio regresó: "Son las tres, el vuelo sale a las doce, según el GPS estoy a cuatro horas de mi destino, podemos estar estáticos alrededor de seis horas y rezar, sí rezar que no haya tanto tráfico para que el taxi fluya... ¿y si no?, ¿cuál es el plan B?...". Esos cálculos mentales rondaban por su mente una y otra vez. El insomnio estaba de vuelta.
            Alrededor de las cinco de la mañana el vehículo empezó a andar. Marta creía que eso la calmaría, pero no. Se desesperó, quería dormir, no podía, así que decidió tomar dos pastillas para el mareo las cuales la dejarían como león sedado. No sirvió de mucho. Unos momentos después, abrió los ojos y ya se encontraba en su destino. La emoción de haber llegado a tiempo invadió su cuerpo, fue por eso que durante los casi sesenta minutos de recorrido a la central tampoco pudo pegar pestaña.
            Por fin pisó suelo firme. Miró su reloj, marcaba las nueve. Sonrió. Tomó un taxi y llegó treinta minutos antes del registro de equipaje. "¡Excelente!" pensó, pues tendría tiempo para desayunar tranquilamente y llegar al mostrador sin retardo alguno. Todo salió tal y como lo había planeado. Pronto se encontró en la sala de embarque intentando no caer dormida y con unas ojeras de vampiro mal maquillado de película casera.
            La hora de abordar llegó mas nadie se movía de sus asientos. En la pantalla decía 'a tiempo', sin embargo, no había señal alguna para subir al avión. La gente se empezó a inquietar. Casi media hora de retraso y la tripulación no aparecía. Marta pensó que el destino simplemente no quería que se reuniera con su mejor amiga después de tres años de mudarse al otro extremo del país.
            Exactamente cuarenta minutos después, el capitán apareció con los sobrecargos. La masa los recibió con aplausos lo cual a Marta le pareció inapropiado. Al estar a punto de despegar, el capitán ofreció una disculpa por lo sucedido. Marta ya quería arrancar, pero al oficial se le ocurrió añadir un comentario acerca de los aplausos lo cual molestó a la gente. Marta no alcazaba a escuchar gran cosa, y mucho menos a ver lo que sucedía, sólo atisbó entre los asientos el uniforme de piloto que al parecer discutía con un pasajero. Los demás sólo abucheaban y seguían el pleito desde sus lugares. Marta, además de cavilar sobre toda esa situación de mal gusto, volvió a pensar que el destino evitaba aquel reencuentro con su amiga.
            Mientras formulaba aquella disparatada idea, encendieron la luz del cinturón y el avión empezó a moverse. Ella sintió una vibra muy extraña, creía que el capitán después de tanto alboroto se estrellaría contra las Torres de Satélite, pero sólo las vio a lo lejos, clavadas en la tierra y a medio periférico a medida que la aeronave obtenía más y más altura. Cuando empezó a ver cómo el ala izquierda cortaba nubes, se tranquilizó y se dedicó a disfrutar el viaje.
            Se sentía muy cómoda. Pensó que ya todo lo complicado había pasado. Pidió una Coca y recordó el día en que conoció a su mejor amiga junto con todas las cosas fuera de lo común que hacían. Reía sola, pues era muy curioso cómo de la nada lograron juntarse ya que a pesar de tener intereses y rumbos diferentes lograron congeniar de tal manera que más que amigas llegaron a ser algo así como familia.
            Miraba por la ventana y se sorprendió al ver tierra, pues sintió que había sido un viaje muy corto. Lo seco del desierto hacía un bello contraste con el mar azulado lo cual la conmovió y volvió a sonreír. Comenzó a sentir una vibración en sus manos y pies tan extraña que pensó que algo no estaba bien, pues esa sensación definitivamente no tenía nada que ver con lo que le inspiraba el paisaje admirado, ni la pronta llegada al Pacífico. Frunció el ceño, levantó la mirada y la luz del cinturón estaba encendida. El avión se sacudía con fuerza. Ella disfrutaba las turbulencias pero en ese momento algo no olía bien.
            Empezó a sentir ese vacío en el estomago como cuando se subía a los juegos mecánicos con caída libre. Disfrutaba la sensación, pero no le daba buena espina. Los movimientos comenzaron a ser más bruscos y el hoyo en su estómago más profundo. Miró la parte trasera del asiento de enfrente e imitó la posición del tercer dibujo. Seguía disfrutando la conmoción pero algo definitivamente estaba mal. Cerró los ojos y empezó a tararear...

            Poco tiempo después, la aerolínea publicó una lista de desaparecidos otra de muertos y cero sobrevivientes del vuelo Y712.