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domingo, 3 de agosto de 2014

¡Santa Semana! Día 2: En cualquier lugar tiemblan alacranes



Despertar no es difícil. Escuchas a Tchaikovsky tocar una pieza al oído que hace el inicio del día sumamente relajante. Al levantarte, sólo Jorge está en el departamento, Enrique fue por el desayuno, o eso deseabas. Después de los buenos días te diriges al baño, cierras la puerta, te miras al espejo, sonríes mientras te estiras un poco y te sientas en el escusado. Después de respirar paz por un momento, tu cabeza empieza a oscilar ligeramente. Demasiada belleza despertar sin malestar después de 750 mililitros de brandy, pensaste que era una variante de "cama-loca" y como el lavabo quedaba muy cerca de tu cabeza decidiste sujetarlo para evitar golpearte. Poco a poco el vaivén empezó a ser más y más pronunciado. Jamás te habías sentido tan mareada, si así se le podría llamar -Está temblando- sonó una voz lejana parecida a la de Jorge -¿Qué?- tu respuesta al no haber digerido esa frase por completo. Pasaron varios segundos... -Creo que debemos salir- escuchas la puerta del departamento abrirse y empiezas a hilar: "mareo", temblar, salir... ¡Está temblando! Pronto terminas de... lo que estabas haciendo y sales a la calle. Ves gente fuera de sus casas, levantas la vista y los cables de luz se meneaban de un lado a otro así como si hubieran sido impulsados por alguien, bajas la mirada y tus calcetines están medio salidos, no traes zapatos. ¿Esto es lo que pasa cuando tiembla en México? Tu primer temblor en Ciudad Capital. Intentas llamar a casa pero las líneas están ocupadas. Cuando todo vuelve a la calma empacas lo necesario para partir a Tequesquitengo.


*     *     *


Gordita de chicharrón y transporte en metro, ¿querías algo más clásico? Central Taxqueña, autobuses Pullman dirigiéndose a un lugar de Morelos que no habías escuchado antes: Jojutla. Llegan y de ahí una combi que los lleva a Tequesquitengo. Se bajan no precisamente en el centro, preguntan por el hotel donde tienen reservación y está no sabes dónde pero el taxi les cobra más de treinta pesos por cada uno. Deciden buscar un hotel más cerca, caminan por no una calle normal, con terrenos baldíos por doquier hasta que a lo lejos atisban el oasis: "El Cazador". Llegan a una recepción al aire libre muy sencilla a pesar de la gran construcción y la magnitud del jardín, preguntan si hay cuartos disponibles y  un vibrante "sí" los salva de seguir caminando bajo el picoso sol de Tequesquitengo. Pasan a ver la habitaciones, dicen que el hotel está en remodelación pero por ser temporada alta están dando alojamiento. El lugar parece lugar fantasma, un poco descuidado, parece haber gente pero tampoco están seguros de eso, el señor que los recibió al principio desaparece y aparece por otro lado. Sin embargo pocas ganas les quedan para seguir caminando en medio de la nada y bajo una estrella infernal, así que pagan dos habitaciones dejan sus cosas en el cuarto donde hay seguro (si, la puerta del otro sólo cierra por dentro con pasador) y deciden ir por algo de comer. Un restaurante a la orilla de la laguna no es una mala idea.


*     *     *


Se hizo de noche, llegaron Romeo y David saltando el portón, sí el hotel fantasma cierras sus puertas de noche, hay un timbre pero nadie responde al llamado ni a los gritos así que no había otra opción más que aventar maletas y trepar. Triunfante entrada. Ya que por fin estaban completos era hora de relajarse en la terraza frente a la alberca. Llovió gloriosamente aminorando el calor, piensan en mañana "el salto", creen estar listos, por ratos uno que otro se pone nervioso, piensan en volar como... ¿murciélagos? sí murciélagos volando muy cerca de sus cabezas. Tranquilos no pasa nada, su sangre ya es demasiado amarga por tanta cerveza. Tranquilidad bajo las estrellas -No voltees, y hazte para acá- te dice Romeo disfrazando tu alteración; no volteaste y caminaste hacia donde estaban todos -había un alacrán junto a tu pie- te dicen no lo crees pero te hacen verlo más de cerca. Sí, estuviste al borde de la muerte, salvaron tu vida (te gusta el drama) lo mejor es cuando te cuentan que había uno en la cama donde te tocaba dormir, ya no sabes si es más peligroso dormir o aventarte de nueve mil pies.

Es tarde y hay que levantarse temprano. En la inmensa oscuridad del jardín nocturno todos se dirigen a los cuartos en fila india -¡Cuidado no toquen la pared! ahí hay dos- advierten al frente mientras gritas (te gusta el drama). Llegan a la habitación y haces que volteen el colchón tres veces, aun así decides dormir en la otra habitación donde sacudieron las cama y voltearon el colchón no tres sino cinco veces. Intentas dormir, no puedes, tus compañeros roncan, tú sigues mirando el techo, duermes, despiertas continuamente y sueñas...

FIN DE DÍA DOS


martes, 15 de julio de 2014

¡Santa semana! Día 1: Nada de qué preocuparse

"Julio es un mes para recordar" nadie lo dijo, pero tanto tiempo libre te orilla a echar un vistazo a un pasado no muy lejano: tus más recientes vacaciones. Decidiste pasar semana santa en el D.F., no era tu plan en un principio, pero no pudiste rechazar la invitación de tu cuate para saltar de paracaídas en Tequesquitengo. En ese momento pensaste que serías unas vacaciones "extremas" por el simple hecho de aventarte de un avión a nueve mil pies de altura, sin embargo jamás te imaginaste el riesgo que existiría al rededor de este evento que al final de cuentas fue lo menos arriesgado que te pudo suceder en esa semana.
Te gusta viajar de noche y llegas a la central norte a las 6 de la mañana. Es jueves Santo y los defeños salen de vacaciones... salen de vacaciones. Entonces bajas del camión y parece ser que toda la ciudad de México se encuentra en la central incluyendo abuelitas, niños y...¿un gallo? Sabes que ya amaneció porque en tu oído retumba una clásica canción madrugadora: el "kikiriki". Quieres pensar que es una alarma fuera de lugar, y esa alarma se encuentra al final de la fila dentro de una caja con hoyos... una alarma que no cesa y curiosamente tiene diferentes sonidos del canto de un gallo (largos, cortos, suaves, agresivos, etc) por si no te levantaste a la primera. Entre tanta gente, bolsas de mercado y... gallos por fin te atienden y aseguras tu boleto de regreso. Sales del tumulto tomas un taxi seguro y te encuentras con tu amigo de la universidad en Chabacano.
    
Todo parece ser un día normal: se quedan de ver con Jorge, desayunan, van al centro, entran a diferentes museos, comen ramen, toman café, se pone el sol y llegan a una bar.

-¿Por qué cierran a las doce?

-Hay Ley Seca. ¿se les ofrece algo más?

-¡Ley Seca!

Nadie te puede explicar el motivo de dichosa Ley en jueves santo, afortunadamente alguien tu lógica foránea te dice que como la ciudad es muy grande dicha ley no aplica en lugares remotos. Entonces tu cuate dice "¡Al depa!" sabes que hay una tienda de autoservicio las 24 horas abierta por ahí. Llegan y toman un six como si nada, te diriges a la caja y no te quieren cobrar. Cierras el ojo, explicas que estás de vacaciones pero no se tientan el corazón y te piden dejar las latas. Salen derrotados, pero tu amigo menciona que aún conserva una botella que le regalaron en el trabajo por lo que regresan con la cajera y compran todo lo necesario para acompañar ese brandy que a nadie le gusta pero si se trata de ir contra la corriente, cualquier cosa es bebible.   


Toda botella tiene un final y así el día termina. Duermen tranquilos porque en unas horas iniciarán su viaje al cielo.


FIN DE DÍA UNO